ALIMENTACIÓN
En este artículo haré una pequeña referencia a los tipos de presas de las que se pueden alimentar las mantis.
Además de los insectos que cito a continuación, las mantis atacarán con intención de comer, prácticamente a cualquier insecto o pequeño vertebrado que se pasee cerca de su radio de acción y que no represente un peligro identificable por ella.
Para alimentar a nuestras mantis habrá que ser coherente con las características de su especie, pues no todas las mantis comen indiscriminadamente insectos diferentes, me explico; algunas prefieren sólo voladores, otras no voladores porque suelen cazar en el suelo, camufladas entre la hojarasca, etc. Dependiendo de sus hábitos naturales, preferirán un tipo de alimento u otro, incluso hay algunas mantis a las que ciertos tipos de insectos les pueden producir indigestión o daños diversos.
Como voy a hablar de insectos que se pueden adquirir en tiendas y proveedores de alimento vivo y de otros que adquiriremos en la naturaleza, hay que citar las medidas mínimas aconsejables que hay que llevar a cabo cuando pretendemos dar de comer a nuestros insectos con otros de procedencia salvaje. Éstas son:
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Informarnos de la legislación que rige en el lugar donde vamos a capturarlos.
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Si no lo conocemos, habrá que identificarlo usando los medios de que dispongamos, ya sea mediante guías de identificación y clasificación, preguntando en foros de aficionados, etc. La intención perseguida es saber con certeza que el insecto no puede producir al nuestro algún daño o la muerte.
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Asegurarnos de que los insectos capturados no han estado expuestos a ninguna sustancia que pueda resultar tóxica o nociva para la salud de nuestras mantis.
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Ante la duda de lo anterior, será aconsejable poner en cuarentena a los insectos durante varios días; facilitándoles alimentación, bebida y las condiciones favorables para que vivan el tiempo suficiente que nos permita observar que no pierden cualidades o vitalidad durante este periodo (en este último caso no los usaremos).
Así mismo tenemos que tener presente la premisa de que la alimentación que proporcionemos a los insectos que van a servir, a su vez, de alimento a los nuestros, es importante, pues las vitaminas y nutrientes que hayan adquirido pasarán a beneficiar a su presa. Si proporcionamos insectos de poca calidad y consistencia a las mantis, estás tendrán esas mismas características.
Grillos (Acheta domestica, Acheta bimaculata...): los grillos son excelentes presas para las mantis, sobre todo en cautividad, pues se suelen mover mucho, llamando su atención y además no les son difíciles de cazar. Tienen un exoesqueleto semi-duro que las mantis rompen con facilidad con sus fuertes mandíbulas.
Quizás el único problema que tienen los grillos es su potente mordedura que en ocasiones puede dañar levemente a la mantis. En cautividad si hay mas de uno suelto por el recipiente pueden llegar a comérsela, parcial o totalmente, si le atacan en plena muda.
Junto con la mosca azul de la carne, suelen componer la dieta principal de las mantis criadas en cautividad debido a su fácil adquisición y a su extendida distribución.
Su cría es relativamente fácil y nos permite usar los microgrillos (grillos en su fase inicial de vida) para los estadios menos avanzados de nuestras mantis, sobre todo a partir de L2 y L3 en especies de medianas a grandes.
Moscas: Las moscas son sin duda el alimento más consumido por las mantis. Algunas especies grandes pueden comer más de 30 moscas diarias sin ningún problema.
El hecho de que estos insectos sean voladores no impide que la mantis pueda cazarlos, pues su velocidad para lanzar las pinzas le permite atraparlos al vuelo, igual que las mariposas, polillas y similares.
Los tipos de moscas que se suelen usar son los siguientes:
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Moscas del vinagre o de la fruta:
- Drosophila melanogaster; para todas las ninfas en los primeros estadios.
- Drosophila hydei; para las ninfas de mantis grandes en estadios pequeños y para las especies de mantis pequeñas durante casi toda su vida.
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Mosca doméstica o común (Musca domestica), para ninfas medianas de mantis de tamaños generales y para mantis adultas de especies pequeñas.
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Mosca verde o mosca imperial (Lucilia caesar), algo más grande que la común y con un tono verde metálico, suele criar en cadáveres en descomposición y en estiércol. Dependiendo de su tamaño, la destinaremos a un uso intermedio entre la anterior y la siguiente.
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Mosca azul (Callíphora vomitoria), para ninfas grandes y para adultas en general. Podríamos considerarla como la hermana mayor de la anterior por pertenecer a la misma familia Calliphoridae y ser más voluminosa.
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Moscarda de la carne (Sarcophaga carnaria): sin duda de las más voluminosas y ricas que podemos encontrar para alimentar a nuestros mántidos adultos y ninfas grandes. Se distingue de las anteriores, además de por su tamaño, por tener el tórax listado de negro y gris y el abdomen ajedrezado. Por indicar una curiosidad al respecto, una vez que es capturada y no ve posibilidades de escapatoria expulsa las larvas que tiene en su interior, como intento de supervivencia de su especie.

Criar drosophila y mosca doméstica es sencillo, pero en el mejor de los casos necesitaremos algún sitio fuera de casa para situar los recipientes de cría, en el que podamos tener una temperatura por encima de 10 ºC (como mínimo) y que no esté directamente expuesto al sol. A no ser que seamos capaces de soportar el olor que desprende la papilla donde crecen las larvas hasta que pupan, cosa que considero difícil cuando hablamos de más de dos recipientes de cría (lo digo por experiencia propia).
En las tiendas de pesca se pueden comprar unas larvas llamadas asticot, que pertenecen normalmente a la familia Calliphoridae, a las que proporcionaremos calor para conseguir que pupen y así obtener moscas después de la metamorfosis.
En cuanto a las moscardas de la carne, no nos queda más remedio que atraparlas en temporada cuando se dejan caer por casa.
Saltamontes y langostas (Acrida ungarica, Locusta migratoria…): Los saltamontes son gran parte de la dieta de las mantis en la naturaleza, pues éstas representan el principal depredador de los acrídidos.
Los acrídidos están dotados de fuertes patas, pero casi siempre acaban muriendo a manos de la mantis, quien con sus potentes mandíbulas destrozará la dura capa de quitina de la cabeza y el tórax.
La evolución ha dotado a estos insectos de una táctica para poder huir de los depredadores: sus patas traseras (las que usan para saltar) se desprenden fácilmente cuando son atrapados por una de ellas, permitiéndole huir de su verdugo; la pata será muy difícil de recuperar, pero al menos habrá salvado la vida. Huelga decir que esta táctica no es relevante a la hora de criar mantis en cautividad, pues tarde o temprano volverán a cruzarse y no todos los días son domingo para los acrídidos.
Su cría en cautividad es, en mi opinión, dificultosa, pues requiere mucho espacio, mucho alimento y desprende un olor desagradable (ya que los acrídidos defecan en abundancia). Por tanto, es aconsejable adquirirlos en cualquier tienda de mascotas o en nuestro proveedor de alimento vivo habitual. También cabe la posibilidad en primavera y, sobre todo, en verano de capturarlos en la naturaleza, siempre y cuando nos aseguremos de que no han estado expuestos a cualquier tipo de producto toxico que pueda afectar a nuestros mántidos, para lo cual nos bastará con ponerlos en cuarentena durante unos días alimentándolos con algún vegetal. |
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Cucarachas (Blaptica dubia, nauphoeta, phoetania…): dentro del género Blattodea podemos encontrar muchas familias que dan cabida, a su vez, a infinidad de especies. Por tanto, existe una rica variedad; los podemos encontrar alados o ápteros, de pequeño y gran tamaño, diferentes colores y formas.
Se trata de insectos que se reproducen con una facilidad increíble, llegando a constituir verdaderas plagas en muchos lugares del mundo. No obstante, como alimento vivo son geniales.
Tienen buen exoesqueleto por lo de las proteinas
y un abdomen prominente que saciará a nuestra mantis.
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Otro punto a su favor es que son unos insectos tremendamente activos, lo que llama la atención del depredador al instante.
Este grupo es de comercialización extensa por los proveedores de alimento vivo en muchas variedades, provenientes de América (Blaptica dubia), de África (Nauphoeta cinerea), Ásia o Australia, pero también podremos encontrar alguna europea como la Blattela germanica. Sus precios varían, normalmente, según el tamaño.
Su cría en cautividad es sencilla y nos dará muchas alegrías, aunque algo peligrosa si se realiza en casa y no se toman exhaustivas precauciones para evitar fugas. |
Algunos pequeños insectos: Existen muchos insectos de tamaño realmente pequeño con los que podremos variar la dieta de nuestras especies de más reducido tamaño, así como las ninfas de especies mayores. A modo de ejemplo citaremos los siguientes:
- Pececillos de plata (Lepisma saccharina) y de fuego (Thermobia domestica): se trata de insectos ápteros, alargados y omnívoros. Su característica principal es que poseen tres finas “colas” de similar longitud al final de su abdomen y suelen estar recubiertos de escamas y pelos grisáceos o plateados. El primero, suele vivir en microhábitats húmedos y el segundo podemos encontrarlo en hornos, cerca de tuberías de agua caliente y en conductos de calefacción. Estos insectos corren muy rápido, pero no saltan.
- Pulgones (familia Aphididae): estos hemípteros pequeños, lentos y de cuerpo blando forman una de las familias de insectos más destructivas. Se reproducen a una velocidad fenomenal y provocan enermes daños en cultivos y plantas de jardín. La mayoría de las especies son verdes, pero también las podemos encontrar rodadas, negras o pardas. Serán de gran utilidad para criar ninfas diminutas. Las más comunes y fáciles de encontrar Macrosiphum rosae (pulgón rosado que encontraremos como plaga en los rosales y que es alado en el estadio adulto) y Aphis fabae (pulgón de color negro que ataca al haba, así como a otras legumbres y plantas de primavera y verano).
- Colémbolos: dentro del orden Collembola podremos encontrar miles de especies de diferentes familias (algunas forman plagas muy extendidas, como el Sminthurus viridis de la alfalfa) de insectos de un tamaño realmente pequeño que nos serán de gran utilidad, como los anteriores, para alimentar a ninfas diminutas. En este caso tenemos la suerte de que algún proveedor que otro de alimento vivo suele tener disponible.
- Otros: siempre y cuando respetemos las pautas imprescindibles de actuación con los insectos que capturemos en la naturaleza (leer en la introducción), podemos ofrecer como alimento a nuestras mantis y ninfas pequeñas todo tipo de insectos de pequeño tamaño como mosquitos, gorgojos, carcomas, cantáridos, trips, cochinillas enanas y harinosas, tijeretas pequeñas, langostas pigmeas, efemerélidos y un largo etcétera.
Libelúlidos: Estos insectos grandes suelen pasar durante sus vuelos varias veces por una misma zona, por lo que se suelen ser perfectas víctimas para las mantis que esperan en los juncos para cazarlos en una de las pasadas.
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Las libélulas tienen bastante fuerza y están provistas de potentes mandíbulas, por lo que habrá que ser proporcionales a la hora de alimentar a nuestra mantis con esta excelente y nutritiva presa.
Lo expuesto para los libelúlidos en estas líneas es extensible a todo el orden Odonata, teniendo en cuenta, claro está, el tamaño de cada especie dentro de las numerosas familias del orden.
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Hymenopteros: Dentro de este orden podemos encontrar familias como la Vespidae (avispas y similares) o la Apidae (abejas y abejorros). Se trata de insectos voladores muy nutritivos para sus cazadores, con el añadido de que abejas y abejorros, en temporada, pueden llevar su corbiculum repleto de polen, alimento ideal para nuestras mantis (sobre todo para las que vayan a poner una ooteca).

Están dotadas de unas fuertes mandíbulas y de un aguijón con el que pueden inyectar veneno a sus enemigos, por lo que habrá que tener cuidado al manipularlas, pues la picadura es dolorosa. Por lo que respecta a la mantis, no supone un peligro porque ésta es mucho más rápida que aquellas y las atraparán en un rápido golpe, impidiendo que le puedan picar; una vez en las pinzas no corre ningún riesgo porque son demasiado duras como para poder clavar el aguijón en ellas.
Orugas y gusanos: Son un buen alimento, aunque hay que tener cuidado porque existen bastantes variedades tóxicas.
No son insectos demasiado activos, por lo que no llaman tanto como otros la atención de las mantis, no obstante si se mueven delante de ellas se delatarán y se convertirán en presa fácil. Algunos ejemplos de los más usados son el Tenebrio molitor, los gusanos de seda (Bombix mori), de la miel (Galleria mellonella), tebos, dola, Zophoba morio, etc.
Todos los mencionados a modo de ejemplo son fáciles de criar en cautiverio; cada uno en su forma habitual, de la que no entraremos en detalles por considerar una extensión innecesaria en esta sección (en la red de redes encontraremos esta información sin ningún problema y con las variantes posibles de cada aficionado). |
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Mariposas: Las mariposas constituyen un alimento muy llamativo para las mantis, las cuales se sentirán irremediablemente abocadas a atacarles, bien cuando se posen cerca de ellas, bien cuando pasen volando.
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Lo normal en este caso será atraparlas en la naturaleza haciendo uso de un cazamariposas, aunque tenemos la posibilidad de capturar o criar al gusano para alimentarlo y obtener la mariposa después de la metamorfosis. Los más usados en este caso son los gusanos de seda, para mantis medianas-grandes y los de la miel, para pequeñas o ninfas de las anteriores. |
Escarabajos: Estos insectos tienen un duro exoesqueleto debido a su alto contenido en quitina, al igual que pasa con sus élitros que protegen las alas posteriores. Por este motivo y porque muchos de ellos son capaces de desprender líquidos tóxicos, tienen un mal sabor o, directamente son venenosos, es menos usual el que sean víctimas de las mantis.
No obstante lo dicho, hay que resaltar que algunos de los gusanos que se comercializan como alimento vivo se convierten en escarabajos, después de la metamorfosis, lo que facilitará que sean usados también para alimentar a nuestros mántidos, tanto cuando son crisálidas cuanto, y sobre todo, cuando están recién transformados y tienen el exoesqueleto en periodo de endurecimiento. Esto sucede con el Tenebrio molitor, el Zophoba morio o el tebo (Pachnoda butana).
Arácnidos: Muchas arañas son devoradas por las mantis, pues al ser tan activas, les atraen con sus movimientos. Es muy difícil que la araña consiga picar a la mantis, pues ésta es mucho más rápida que aquella y sus pinzas son demasiado duras como para poder clavar los quelíceros.
Parece absurdo indicar en este caso que habrá que ser cuidadosamente proporcional a la hora de elegir a la presa con respecto al cazador, ya que es evidente que si echamos una tarántula del tamaño de una mano a una de nuestras mantis, por muy grande, fuerte y agresiva que sea esta última, nos podemos imaginar lo que pasaría (mantis 0 - araña 1).
Su cría en cautividad es muy sencilla y bastante prolífera. |
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Pequeños reptiles y anfibios: Lagartijas y ranas son perfectas presas para grandes mantis. Aunque corren el riesgo de dañarse al cazar presas tan grandes, suelen hacerlo.
Las especies más grandes, como Sphodromantis, Pnigomantis, Hierodula o Macromantis suelen acabar con las pequeñas culebras, después, claro está, de una intrincada lucha.
Este grupo de vertebrados es muy rico en nutrientes y sus cuerpos y vísceras, al ser tan compactos, llenan bastante el estómago de sus cazadores.
Para criar nuestros propios reptiles y anfibios necesitaremos bastante espacio, por lo que no suele ser una práctica muy habitual para destinarlos a alimento vivo.
Pequeños mamíferos: Los ratones de campo son excelentes presas para las mantis más voluminosas. El pelo de los mismos no suele ser un problema serio pues la mantis suele arrancarlo y tirarlo mientras devora a su presa. Para darle muerte lo más rápido posible, suele cortar la yugular antes de comenzar a devorarlo.
Al igual que el grupo anterior, son animales muy nutritivos y llenan bastante.
Criar ratones de laboratorio o cualquier otro roedor “domestico” en cautividad es muy sencillo y económico, pues se trata de un grupo animal tan prolífero que sobrepasará todas nuestras expectativas.
Pájaros pequeños: Algunos pájaros, como colibríes o pequeños gorriones, suelen ser la presa habitual de las mantis grandes. Éstas suelen observar su vuelo y cuando pasan cerca de su alcance los atrapan de un rápido golpe. Esta técnica es característica de las Tenoderas y las Sphodromantis que, al tener mayor peso en su zona abdominal, pueden contrarrestar el peso del pájaro en las pinzas.
Otros mántidos: Si una mantis ve a otra, ya sea de su especie o de otra diferente no dudará en atacarla y devorarla, incluso si es de igual tamaño que ella cuando tiene mucha hambre. En este último caso, el dilema de que mantis será la vencedora suele depender de cual de ellas vea primero (y por ende, aceche) a la otra y del agarre que realice con sus pinzas al lanzar el ataque.
En nuestro caso es muy habitual dar de comer una mantis enferma (siempre y cuando estemos seguros de que la enfermedad no sea producida por algún tipo de microbio o sustancia toxica) a otra sana, o bien una mantis vieja e inútil ya para la cría a otra con mejores expectativas.